Entrar no era lo difícil. Salir era el desafío. Volver en los mismos pasos y sin botar ni tocar nada. Todo planeado para no echar a perder el plan. Correr el ventanal. Volver a cerrarlo. Poner pestillo. Bajar por la muralla apoyado de la canaleta. Tocar el suelo, coger el bolso y empezar a correr. Diez cuadras bastarían. Luego tomar la micro o el metro dependiendo de la situación. Bajarse y caminar hasta llegar al "Insomnio". El bar donde empezó todo, y donde cada viernes se celebraban como rituales, las historias que cada integrante traería consigo.
Esa noche Matías llegó tercero. En una mesa al fondo lo esperaban el tuto y la Fran. El tuto tenía un rasguño en la cara. La Fran se terminaba de tomar un vaso de cerveza y se apresuraba a seguir otro. a Matías las piernas todavía le tiritaban por la adrenalina. El tuto lo vio venir y sobándose con una mano el rasguño sonrío y se paró para saludarlo con un beso de amigos. La Fran seguía tomando. Matías se sentó y dejó el bolso bajo la mesa. Pidió al mesero una cerveza.
- ¿Que te pasó en la cara weón? - Comentó sonriendo Matías. El Tuto se sirvió un vaso de cerveza y con un gesto le hizo esperar la respuesta. Tomó un sorbo y ruidosamente saboreó.
- ¡Había un perro po weón!- dijo mientras se arreglaba el pelo. La Fran lo miraba y sonreía. - Me paseé como un mes entero por afuera y nada nunca me ladró, pero justo hoy apareció cuando ya venía de vuelta. Quiltro maricón.
La Fran lo tomó de la mano y apoyó la cabeza en sus hombros. Cerró los ojos y siguió sonriendo. Matías soltó una risa breve.
- Pero entonces.. ¿Te pillaron?
- Jamás po weón vos no cachay con quién estay hablando. ¿Quién te enseñó como improvisar huidas? Este rasguño, weoncito - le indico la marca con su mano salpicada en sangre seca - fue un error milimétrico. Me afirmé mal en la muralla y el farol de la entrada me regaló este recuerdito.
El Tuto en verdad era muy ágil, por lo que esa herida debió haber sido un movimiento demasiado imposible de realizar. No era muy alto, pero sí muy fuerte. La Fran era de su mismo porte. y cuando caminaban juntos parecían hermanos. Ambos de mirada volátil y andar pausado. Ahora en aquel lugar Matías los observaba mientras el Tuto seguía con su relato. Hace un tiempo atrás... no había nada que los salvara, nada que los remeciera ni los sacara de su apatía. Parecían muertos en vida. Ahora el cambio era notable. la Fran no paraba de tomar, porque así controlaba un poco su estado adrenalínico. El momento que vivían siempre antes de llegar al "Insomnio" era tan fuerte, que costaba un poco volver a la normalidad.
Matías desvío la conversación, no quería saber más detalles, hasta que estuviesen todos.
- Se están demorando más de la cuenta el Leo y la Chika.
- Tranquilo Mato- comentó el Tuto mientras abrazaba a la Fran - recuerda que hoy tenemos otro intruso.
Matías casi lo había olvidado. Esta noche iban a ser 6.
La gente que bebe seguido tiene creencias casi religiosas, de que al beber la forma de percibir la realidad no se daña, si no que se transforma.
Matías sentía el paso del tiempo en el Insomnio como en cámara lenta. Las voces que escuchaba del lugar, ya no hacían más que parafrasear silabas incoherentes para él. Cada cerveza que se colocaba como por obra de magia sobre la mesa, le daba frío en sus piernas ya no tan tensas y el sueño de vez en cuando, lo llevaba a lugares mas dignos para descansar.
Había pasado media hora desde que llegó al bar y se encontró con sus amigos, y aún no había noticias de el Leo, La Chika y el tipo nuevo. El frío afuera se calmó un poco para dar pasó a la lluvia. Aquél Viernes era perfecto para Matías, pero se estaba empezando a convertir en algo no tan agradable.
La Fran y el Tuto seguían susurrando y riéndose, dentro de sus eternas conversaciones, tan despacio que parecía un idioma inventado por ellos. Era la mejo pareja de novios que conocía.
De pronto la puerta del Bar se abrió fuerte y tres personas abrazadas por los hombros entraron mojando todo el piso. Como que hubo un momento de silencio y todos pensaron que eran tres borrachos, pero cuando el garzón los fue a detener en la puerta, levantaron los rostros y el Tuto que los reconoció fue a buscarlos y a disculparse con la gente del local. El leo, la Chika y el intruso, que venía cojeando, se sentaron frente a Matías, todos empapados y con los gorros de sus polerones puestos todavía, mientras se sacaban sus mochilas y las colocaban debajo de la mesa.
Esperaron a que la gente dejase de mirarlos por un momento mientras Matías de reojo, trataba de adivinar el rostro del nuevo intruso. Si bien se veía de contextura atlética, era más pequeño que el Tuto por unos centímetros, y el hecho que viniera cojeando hablaba no tan bien de sus habilidades físicas. Pero no podían juzgar una primera actuación, Siempre la primer vez alguien quedaba herido. Matías lo sabía.
- Bueno ya pa que tanto misterio – Gritó el Tuto a los tres nuevos personajes de la mesa – Sáquense las weás de la cabeza que aquí nadie los persigue… ¿O sí?
- Nadie – dijo La Chika, mientras miraba al nuevo intruso con una mirada tan agresiva que nadie hubiese seguido discutiendo el tema
- Sólo tuvimos un pequeño inconveniente – Dijo Leo mientras le tomaba la cara a la Chika y la besaba. Ella sin dejar de mirar al intruso lo besó con poco interés. Matías descubriría la razón de esta situación cuando se sacaron los gorros y quedó al descubierto la realidad. Sintió como una puntada a la altura del estómago, sintió perder el control de su cara y sus manos dieron un pequeño brinco dentro de sus bolsillos. Se sentó mas derecho y sin saber la razón sonrío, mientras fuera de su vista, el Tuto asentía con la cabeza y la Fran sonreía. El nuevo intruso era mujer, y Matías nunca pensó en aquella posibilidad, una bella e inquietante posibilidad
